Los reyes magos han llegado este año un poco antes de lo previsto. Lo cierto es que nunca he sido partícipe de esperar un determinado día para recibir o hacer un regalo. En mi opinión cuanto antes se haga antes se puede empezar a disfrutar.
Soy un apasionado de la tecnología. De pequeño solía trastear el Amstrad que mi padre había comprado para que le llevaran la contabilidad del trabajo y llegué a ocasionarle algún disgusto: como el de formatearle la memoria al trasto. Por suerte mi padre no me cortó las alas en ese momento, sino que entendió mi interés y lo motivó tanto como pudo.
En aquellos años los ordenadores eran infinitamente menos sexis que hoy en día. Las interfaces graficas estaban en pañales y para hacer la mayoría de cosas tenías que escribir las instrucciones. Eran los tiempos de los chats irc, de las listas bbs y los primeros tiempos del formato mp3. Entonces no conocía a ninguna chica que se conectase a internet, aún no habían descubierto los grupos irc y Microsoft Messenger no existía.
Aquellas eran máquinas en las que no se podía hacer más de una tarea a la vez. Si abrías una hoja de cálculo no podías esperar hacer otra cosa que trabajar en esa hoja de cálculo. ¿Notificaciones? ¿Qué notificaciones?
Estoy seguro que, desde hace ya mucho tiempo, habéis notado cuánto os cuesta concentraros en algo. Los móviles han reprogramado nuestros cerebros haciéndolos mucho más impacientes. El cine, la música e incluso la literatura se han ido acomodando a estos nuevos cerebros de roedor. Al fin y al cabo, hay que darle al público lo que quiere.
Muchas cosas echo de menos de aquella época tecnológica (para empezar mi pelo), pero más que los aparatos en sí echo de menos las experiencias. Echo de menos el sentarme y disfrutar de un libro durante horas. Echo de menos el sentarme y escuchar un álbum de principio a fin; por aquel entonces aún se hacían álbumes que se merecían ese tiempo. Echo de menos el organizar mis pensamientos y escribir algo coherente que no sea un email o un mensaje frívolo.
Con el tiempo aprecio cada vez más los aparatos de un sólo propósito, los aparatos monofunción. Uno de los mejores ejemplos de este tipo de aparatos son los dispositivos de tinta electrónica. Tuve la suerte de conocer los primeros dispositivos de tinta electrónica, años antes de que Amazon sacase el Kindle, cuando vivía en Shanghái. Me cautivaron desde el primer momento que probé uno. No llevaba luz incorporada, su sistema operativo era bastante espartano y apenas tenías opciones de formateo de texto pero era poco menos que un milagro. El poder leer al aire libre, bajo el sol, durante horas y horas sin preocuparte de la batería y con una claridad extraordinaria. Ya, ya sé lo que me diría más de uno: como un libro de toda la vida. Pues sí, como un libro de toda la vida al que le puedes cambiar el tamaño de la letra, el tipo de fuente y además transportar cientos de ellos con el peso de menos de uno. Toda una revolución.
Como todo en tecnología, fueron mejorándolos con pantallas de mejor contraste, mejores procesadores, luz integrada, wifi, bluetooth y, finalmente, android como sistema operativo.
Desde el momento en que anunciaron los primeros con bluetooth y android pensé que si uno podía instalar aplicaciones android en el aparato y además añadir un teclado inalámbrico no habría nada que te impidiese utilizar esos lectores como procesadores de texto, con todas las ventajas de la tinta electrónica. Efectivamente, el invento funciona y uno puede a día de hoy comprar uno de esos lectores y utilizarlo para escribir su soñada novela por poco más de cien euros.
Y hasta aquí todo bien. La pregunta es ¿Se puede mejorar? Sí, se puede y mucho. Imaginemos que se utilizase la tecnología de la tinta electrónica para diseñar un dispositivo cuyo único propósito sea el de la escritura. Sin aplicaciones, sin pantallas táctiles y con un sistema operativo hecho a la medida. Imaginemos que su estética tiene el encanto de las máquinas de escribir e incorpora un teclado mecánico, con una batería que te dura un mes y una luz indirecta en la pantalla para cuando la necesites.
La única pega…el precio. Por lo demás, una maravilla.
Os presento el Freewrite Smart.

